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viernes, 8 de enero de 2021

CAUTIVOS DEL MAL

Pocas películas han mostrado de forma tan descarnada (y parece que real) los entresijos más truculentos de la industria del cine como lo hizo Vincente Minnelli en Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful, 1952), adentrándose en las entrañas de un mundo fascinante pero a la vez lleno de sombras. Hemos sido dobles espectadores de cine dentro del cine desde diferentes puntos de visto: divertido como aparece en La noche americana de Truffaut, oscuro como el de En un lugar solitario de Ray, o hermosamente evocador como nos lo enseñó Tornatore en Cinema Paradiso. Sólo El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder sigue la senda de Minnelli para hacernos partícipes de la decadencia que sufren las estrellas en el séptimo arte y lo que realmente se esconde tras la tramoya.

Cautivos del mal tiene como personaje central al productor Jonathan Shields (Kirk Douglas) en el ostracismo de su carrera, y la historia de su vida más reciente es reconstruida mediante los flashbacks de la actriz Georgia Lorrison (Lana Turner), el director Fred Amiel (Barry Sullivan), y el guionista James Lee Bartlow (Dick Powell). Los tres se niegan a seguir trabajando con Shields en una última y desesperada llamada que éste les hace desde París para formar parte de una nuevo proyecto con el que trata de reflotar su carrera; pero resulta evidente que los tres han llegado a ser lo que son en el mundo del cine gracias al polémico productor. 

Además de una puesta en escena fabulosa y una historia cautivadora, otro punto de interés de la película radica en establecer qué personajes reales se esconden tras el poderoso productor, la bella actriz, el guionista o el director principal. Al parecer el primero está inspirado en David O. Selznick, aunque esa película de serie B que citan y se asemeja por su título a La mujer pantera nos hace pensar que también tiene algo de Val Lewton. La actriz a la que da vida Lana Turner podría ser Diana Barrymore, y el guionista, James Lee Bartlow, pudiera ser William Faulkner, F. Scott Fitzgerald o Paul Eliot Green. No se ha podido establecer en quién está inspirado el personaje del director Fred Amiel que interpreta Barry Sullivan, pero sí otros directores que aparecen en el filme, como por ejemplo Alfred Hitchcock, o el que responde al nombre de Von Ellstein parece ser Von Stroheim o Josef von Sternberg o bien una mezcla de ambos, en este drama con un guión firmado por George Bradshaw y Charles Schnee que es todo un desfile de personajes de Hollywood en el que asimismo creemos intuir la presencia, además de los anteriormente citados, de Judy Garland, la exmujer del propio Minnelli, Alma Reville, la mujer de Hitchcock, Herman Mankiewicz, e incluso de Orson Welles, en una historia que se inicia con una voz en off y nos hace pensar de inmediato que estamos asistiendo a la proyección de una película de cine negro, por ese elemento, por la trama en sí así como por los continuos flashbacks, y que pasa por momentos en los que su ritmo languidece si bien queda compensado con hermosas escenas y la fotografía de Robert Surtees.  

Lana Turner y Kirk Douglas.

VALORACIÓN: 7.5/10

domingo, 27 de diciembre de 2020

TÚ Y YO (1957)

Leo McCarey volvió a filmar dieciocho años después Tú y yo (An Affair to Remember, 1957), esta vez en color, aunque con una puesta en escena en la que puede afirmarse que calcando casi plano a plano la versión de 1939 y contando para la ocasión con Cary Grant para el papel de Nickie Ferrante y con Deborah Kerr como Terry McKay.

La película, que se abre (y se cierra) con un plano general de Nueva York en plena nevada con el Empire State Building como eje central del mismo (también aquí nos encontraremos con la figura del emblemático edificio reflejada en el cristal de una ventana), se presta inevitablemente a las odiosas comparaciones al existir la versión anterior, y lo primero que llama la atención es que ésta, filmada en Cinemascope (y ahí gana enteros), tiende más a la comedia que la protagonizada por Charles Boyer e Irene Dunne, además de ofrecer casi veinte minutos más de metraje, aspecto que aunque no resulta especialmente negativo en su resultado final tampoco beneficia a la historia, que sí sirve para el desarrollo de Kenneth Bradley (Richard Denning) y Lois Clark (Neva Patterson), parejas de los protagonistas, así como para la confesión del enamoramiento de Terry y la sorprendente comprensión de Kenneth.

Por citar una de las escenas más trascendentales en ambas películas, aquella que tiene lugar en la capilla y punto clave de la historia, en la versión de 1957 resulta mucho menos mística que en la primera, en donde se cambia Madeira por la costa mediterránea, mientras la escena del beso en el camarote antes de llegar a Nueva York que observamos en la primera versión, queda igualmente resuelta de manera elegante por McCarey con un plano medio en las escaleras de la cubierta del barco en donde sólo se aprecian las piernas de ambos. 

Afirman muchos de los críticos y cinéfilos que se inclinan por el filme en color, que en ello ha influido el haberla visionado primero; yo, en cambio, prefiero la filmada en blanco y negro, y puede que sea de los pocos que se decante por ésta, acaso porque las he abordado de manera cronológica. 

Sí que la música y el tema principal, "An Affair to Remember (Our Love Affair)", compuesto por Harry Warren, resulta superior a la de la película de 1939, y tan sólo el final de esta nueva versión llega a igualar a la de blanco y negro, en estas dos películas que se retroalimentan y complementan, con esta hermosa historia escrita y dirigida por Leo McCarey, el director de las emociones.

Nickie Ferrante (Cary Grant) y Terry McKay (Deborah Kerr).

VALORACIÓN: 8/10