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domingo, 27 de diciembre de 2020

TÚ Y YO (1957)

Leo McCarey volvió a filmar dieciocho años después Tú y yo (An Affair to Remember, 1957), esta vez en color, aunque con una puesta en escena en la que puede afirmarse que calcando casi plano a plano la versión de 1939 y contando para la ocasión con Cary Grant para el papel de Nickie Ferrante y con Deborah Kerr como Terry McKay.

La película, que se abre (y se cierra) con un plano general de Nueva York en plena nevada con el Empire State Building como eje central del mismo (también aquí nos encontraremos con la figura del emblemático edificio reflejada en el cristal de una ventana), se presta inevitablemente a las odiosas comparaciones al existir la versión anterior, y lo primero que llama la atención es que ésta, filmada en Cinemascope (y ahí gana enteros), tiende más a la comedia que la protagonizada por Charles Boyer e Irene Dunne, además de ofrecer casi veinte minutos más de metraje, aspecto que aunque no resulta especialmente negativo en su resultado final tampoco beneficia a la historia, que sí sirve para el desarrollo de Kenneth Bradley (Richard Denning) y Lois Clark (Neva Patterson), parejas de los protagonistas, así como para la confesión del enamoramiento de Terry y la sorprendente comprensión de Kenneth.

Por citar una de las escenas más trascendentales en ambas películas, aquella que tiene lugar en la capilla y punto clave de la historia, en la versión de 1957 resulta mucho menos mística que en la primera, en donde se cambia Madeira por la costa mediterránea, mientras la escena del beso en el camarote antes de llegar a Nueva York que observamos en la primera versión, queda igualmente resuelta de manera elegante por McCarey con un plano medio en las escaleras de la cubierta del barco en donde sólo se aprecian las piernas de ambos. 

Afirman muchos de los críticos y cinéfilos que se inclinan por el filme en color, que en ello ha influido el haberla visionado primero; yo, en cambio, prefiero la filmada en blanco y negro, y puede que sea de los pocos que se decante por ésta, acaso porque las he abordado de manera cronológica. 

Sí que la música y el tema principal, "An Affair to Remember (Our Love Affair)", compuesto por Harry Warren, resulta superior a la de la película de 1939, y tan sólo el final de esta nueva versión llega a igualar a la de blanco y negro, en estas dos películas que se retroalimentan y complementan, con esta hermosa historia escrita y dirigida por Leo McCarey, el director de las emociones.

Nickie Ferrante (Cary Grant) y Terry McKay (Deborah Kerr).

VALORACIÓN: 8/10

sábado, 19 de diciembre de 2020

TÚ Y YO (1939)

Nos encontramos ante un hecho curioso: un mismo director filmando años después otra versión de una película suya (me viene a la memoria el caso de Hitchcock que en 1934 rodó El hombre que sabía demasiado y en 1956 llevó a cabo otra versión en EE.UU.), que fue lo que hizo Leo McCarey con Tú y yo (Love Affair, 1939) y An Affair to Remember en 1957, y que en España, como ocurre con la traducción de los títulos de las películas (un hecho digo de estudio), mantuvo el nombre de la primera. 

En esta historia original del propio McCarey que guionizó nada menos que Delmer Daves (quedan frases tan hermosas como «Odio las sirenas de los barcos», o «Vamos hacia la tormenta, Michel»), tiene lugar a bordo de un trasatlántico en donde se encuentran el frívolo multimillonario Michel Marnet (Charles Boyer) y la cantante estadounidense Terry McKay (Irene Dunne), ambos comprometidos pero que llegan a enamorarse durante el viaje y con un argumento en el que ambos personajes se bastan para sostener esta emocionante película de tintes místicos que roza la religiosidad.

Pero si hay que destacar algo más por encima de todo en esta joya de la RKO montada por Edward Dmytryk, es la prodigiosa fotografía en blanco y negro de Rudolph Maté y su delicada visión para dotar a la historia de una exquisitez ilimitada. Valga como ejemplo la estancia en Madeira, en la casa de Janou (Maria Ouspenskaya), la abuela de Michel, y la escena de la capilla en donde observamos el rostro extasiado de Terry (que me recuerda a la Juana de Arco de Dreyer), que, provista con una pamela blanca como la que llevaba Jane Greer en Retorno al pasado, parece sufrir una auténtica revelación; posteriormente Maté nos regala ese plano de Michel esperando en plena tormenta en la planta más alta del Empire State Building, o la ciudad de Nueva York entre brumas, o bajo un manto de nieve y recortada por el Empire State, o bien cuando el emblemático edificio (que parece un personaje más) se refleja en un cristal. 

Es un crimen obligarnos a escoger un solo instante, pero aquel en el que Michel y Terry van a despedirse en su última noche y aparecen en un plano medio, se agarran de la mano, que dejan caer lentamente y la cámara desciende, él cierra la puerta, que queda entreabierta, la cámara asciende nuevamente y la pareja se besa; ese es un momento verdaderamente ascético. 

Yo siempre veo en el rostro de Boyer a ese personaje manipulador que interpretó en Luz que agoniza, el hitchcockiano filme dirigido por George Cukor, pero nada que ver con la vida real del elegante y atormentado actor francés que sufrió el suicidio de su propio hijo en 1965 y él mismo se quitó la vida con barbitúricos pocos días después de fallecer su esposa, pero el dilema que se nos presenta con Leo McCarey se resume en si en escoger la primera o la segunda versión que filmó de esta historia, pero yo pregunto: ¿a quién quiere usted más, a su padre o a su madre? Una pregunta sin respuesta; y con McCarey sucede lo mismo, aunque...

Terry y Michel a bordo del trasatlántico acercándose a Nueva York.

VALORACIÓN: 9/10